ENRIQUE CORDOBA EN SANTA FE DE ANTIOQUIA

 

Enrique Córdoba quiso ser cura, fue mal acolito, es reconocido en el mundo entero por se un destacado letrado
 
Mi infancia es el Castillo de San Felipe de Barajas, en Cartagena, y la Iglesia de la Santa Cruz, de Lorica. En la primera nací y en la otra transcurrieron los días que llenaron de imágenes mi memoria. A propósito de mis encuentros en Miami con la Cofradía de la Virgen de Chiquinquirá auspiciada por el Padre Alvaro Pinzón, escribo este relato con pedazos de recuerdos de mi paso fugaz por la actividad religiosa en Lorica.
 
Durante muchos años madrugué a diario para servir de acólito -o ayudante- en la misa de las 5 a.m. Esperaba con interés la llegada del viernes en la mañana cuando en canoas viajaban los novios por el río para casarse, en su mayoría agricultores, procedentes de los caseríos de las riberas del Sinú. El sacerdote aceptaba que los monaguillos nos quedáramos con las 13 monedas de las arras matrimoniales; ese era un dineral para un niño de 12 años. Alcanzaba para tomar fresco de milo con leche y arepa de huevo en el mercado y para ahorrar. Allí aprendí a rezar la misa en latín
 
después de sufrir hasta memorizar el Suscipiat dominum y el Confiteor. Luego de un tiempo entre Trisagios, bautismos, procesiones entierros, novenas y liturgias varias, me acarició el deseo por irme de cura. Cuando tenía listo el baúl con mis sotanillas, roquetes y esclavinas me entró la duda sobre si debía continuar mi ilusión como clérigo: con frecuencia yo debía abandonar el recinto sagrado de la iglesia porque padecía de desmayos. "A este muchacho se le baja la tensión, por lo tanto le perjudica estar entre multitudes", diagnosticó el Dr. Daniel Angulo y con ese dictamen el médico liquidó a temprana edad mis planes de irme para el seminario. Me sentía como un feliz misionero franciscano, pues me gustaban la pinta de la sotana marrón, lazo blanco, las sandalias y la tonsura que llevaban los devotos de San Francisco Asís, que iban cada año en misiones pastorales por la provincia de Colombia.
 
Desde entonces y luego de tanto tiempo hoy celebro la maravillosa oportunidad de tener entre nosotros en el sur de la Florida al padre Alvaro Pinzón como líder de esta proyecto-realidad. Lo conozco desde que llegó de Duitama, Boyacá, donde terminé mi bachillerato en el Salesiano y por sus calidades humanas, como amigo y asesor espiritual nos convoca, nos une, nos alienta y nos conduce a vivir más cerca de Dios a través de labores fraternas en la Cofradía de la Virgen de Chiquinquirá.
 
Enrique Cordoba
Periodista
 

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PASEO A SANTA FE DE ANTIOQUIA
 ENRIQUE CORDOBA
 Un impresionante puente colgante de 295 metros de longitud construido en 1895 sobre el río Cauca por un ingeniero que trabajó en el de Brooklin, en Nueva York.
Un hermoso parque rodeado de palmas, ceibas y almendros bajo un cielo azúl y 28 grados centígrados de temperatura promedio. Siete iglesias incluida la catedral metropolitana -pintada de blanco-, que se conservan intactas desde su construcción en el siglo XVII y XVIII.
Calles empedradas, casonas coloniales y jardines. Frutas típicas y artesanías en los kioscos del parque Simón Bolivar. Sabores, colorido de provincia y hospitalidad, todo esto es lo que encuentra el turista que sale de Medellín tomando la vía al mar y llega a Santa Fé de Antioquia. Este un municipio de 23.000 habitantes, llamado Ciudad Madre, porque allí nació la “antioqueñidad”. Es algo así como el sello de identidad de la cultura paisa que se caracteriza por su disposición al trabajo, temperamento errante, la bandeja paisa con fríjoles y chicharrón, y las mujeres bellas. Sobre la carretera se atraviesa el Túnel de Occidente y se recorren 80 kilómetros por San Jerónimo.
Hace parte de la red de diez pueblos patrimoniales de Colombia y su alcalde cívico Alonso Monsalve Gómez, es uno de los principales promotores de la conservación de sus tesoros coloniales.
-Este es un lugar para venir y desconectarse del mundo, -comentó una de las periodistas norteamericanas que viajó en el grupo invitado por American Airlines y Medellín Convention Bureau.
Medellín fascina a todos, pero Santa Fé de Antioquia conquista al viajero por sus montañas, la amabilidad de sus habitantes, la arquitectura colonial, el colorido de sus casonas y el sabor de sus comidas.
Las minas de oro atrajeron a los primeros colonizadores españoles que llegaron a territorio de Antioquia y cinco siglos después compañías canadienses siguen el camino para aprovechar los nuevos hallazgos.
Santa Fé de Antioquia fundada en 1541 por el Mariscal Jorge Robledo fue capital hasta el año 1826 cuando Medellín pasó a ocupar esa categoría. El Hotel Mariscal Robledo es uno de los sitios para visitar, fue construido en una casona del siglo XVIII, residencia de la familia del filántropo y político Jose Maria Martinez Pardo. Está localizado en la zona histórica, frente a una plaza arborizada y desde que se traspasan sus portones centenarios se ingresa a un maravilloso museo de reliquias, hospedaje de lujo y ambiente de relajamiento.
El viaje desde Medellín es un encuentro con la vida campestre, pueblos de arrieros y cultivadores de productos agrícolas como plátano, maíz, legumbres y frutales.
También hay fincas destinadas a la cría de ganados, cerdos y caballos.
Caminar quinientos metros hasta la orilla del río y ver el puente de Occidente es otro de los atractivos turísticos debido a su historia.
Es una obra diseñada por el ingeniero antioqueño José Maria Villa quien colaboró en la construcción del Puente de Brooklin en Nueva York, en el siglo XIX. Une a Santa Fé con Olaya, tiene una longitud de 291 metros y resiste 225 toneladas de peso. Es considerado uno de los puentes colgantes mas hermosos y antiguos del mundo.
enriquecordobar@gmail.com
  --Enrique Cordoba R.
EnriqueCordobaR@gmail.com
Miami, FL
 www.enriquecordoba.blogspot.com
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