COMO CONTAR UN CHISME

 

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El título original de este escrito de cierto es:
Digresión sobre el “chisme”
Rubén Darío Barrientos
rdbarrientos@une.net.co
 escarceo
Bajo el título de «chisme falso», una de las pasadas ediciones de la Revista Semana –en su acápite de confidenciales- publicó una nota acerca de que no eran ciertos los chismes de que las directivas del Grupo Santo Domingo hubieran decidido cambiar a Paulo Laserna de la presidencia de Caracol Televisión. Y la columnista María Clara Ospina, en un artículo publicado luego por El Colombiano, habló de «chismes diplomáticos». Para abrir el tema, pregunto: ¿los chismes, entonces, son verdades irrefutables que se filtran o mentiras de solemnidad que hacen daño?
 
Miremos dos ejemplos, para seguir adentrándonos en el asunto: a) Se arrima una persona a otra y le dice en voz baja: «te tengo un chisme gordo». Su interlocutora le replica: «contame rápido». Y se despacha la primera: «!Va a renunciar el gerente de la empresa!» Y resulta que la noticia es real aunque nadie la ha difundido. Es ni más ni menos, un chisme verdadero (mejor aún, estamos en presencia de una «chiva») y b) Le increpa una persona a otra: «Luis Fernando, no me volvás a meter en chismes, dijiste que estaba donde el médico y yo estaba realmente comprando la torta para la fiesta del cumpleaños». Aquí estamos en presencia de un chisme falso.
 
En correo electrónico que aún conservo (del 15 de abril de 2001), mi admirado amigo Gabriel Escobar G., más conocido por sus seudónimos de Abel Méndez y Sófocles para articular sus leídas columnas idiomáticas, entregó en esa ocasión su punto de vista: «Por la definición que trae el diccionario del chisme no importa tanto su cualidad de historia verdadera o falsa, sino la intención de ella: hacer daño. Yo fui jurado de conciencia cuando existía esa figura. Y me tocó un caso en el que Pedro necesitaba matar a Juan porque lo había tumbado en un negocio, Juan se entendía con la señora de Francisco. –Hombre Pacho, le dice Pedro- imagínate que tu señora con Juan tal y tal. Pacho lo espera a la salida de una fiesta y lo mata. Pedro, libre: -Yo sólo le conté a mi amigo que Juan lo estaba engañando. Pero yo no le dije que lo matara. Yo sí era enemigo de Juan. Pero yo no lo mandé matar. Le conté a mi amigo lo que pasaba y era verdad-.
 
Y concluye el ingeniero Gabriel Escobar, de esta manera: «La noticia era verdadera, pero la noticia era matar a Juan y lo consiguió con las manos limpias. El chisme perfecto. A Pacho no se le pudo aplicar ira e intenso dolor, también vigente en ese tiempo, porque esperó acurrucado en un matorral desde las 10 hasta las 5 de la mañana a que Juan saliera de la fiesta. A uno en el frío de la madrugada hasta se le pasa la ira y el intenso dolor». Adicionalmente, fui al diccionario de la Real Academia de la Lengua, en pos de hallar la definición milimétrica de chisme, y me encontré con que su primera acepción apunta a que es «una noticia verdadera o falsa». No me supo a nada ese dato, lo confieso.
 
Una vez leí, palabras más palabras menos, que la murmuración es una actividad humana que consiste en hablar de alguien –tan bien como mal, aun cuando casi siempre de manera desfavorable- sin que la persona esté presente. Y eso es lo que se conoce como chisme, cotilleo o run run. Lo cierto del caso es que las secciones de chismes de los medios impresos, son las más leídas (las llaman con eufemismo como «confidenciales») y las de la televisión, las más vistas. En las empresas, en la familia, en los barrios y en las urbanizaciones no faltan los chismosos.
 
Muchos novios termina por un chisme, no faltan los que se dejan de hablar por enredos y chismes, y son muchos los que termina emboñigados por cuestión de chismes. Al que habla más de la cuenta le dicen que parece una «vieja chismosa» y a la Negra Candela, le dicen que es la mujer más chismosa de Colombia. Un empresario decía una vez que por la boca muere el pez y llamaba a cuidarse de divulgar informaciones restrictivas. Lo único cierto es que el chisme –que no parece tener sexo- es un antónimo de lo confidencial. Por el morbo de la noticia, la apetencia por su contenido deleita a chicos y grandes y seduce a jóvenes y viejos. E inocultablemente, hace vibrar a los que se les dan de más encopetados. Con razón decía un titular de prensa: ¡Colombia es un país de 40 millones de chismosos!
Lunes, 25 abril 2011   REVISTA LO CIERTO
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