LA COLUMNA DE ENRIQUE CORDOBA

 

 Por Enrique Cordoba ¿En qué momento se jodió Colombia? chismografía de alcoba, las damas patialegres y los caballeros pipilocos CLIK AQUI

 

Enrique Córdoba, les manda este mensaje de una argentina que estaba paseando por Colombia. Ahora mándeselo usted a un amigo o contacto, al final hay un link CLIK AQUI

 
Mis queridos amigos,
 

Me di cuenta que no me gustan los mails de despedidas pero jamás podría irme sin hacerlo.

Y como me gusta que la gente lea, acá les mando este mail
 

Me voy de Colombia con una imagen 100% diferente de la que traía en la cabeza. Qué país más maravilloso! Qué personas tan fantásticas! Qué rumba tan divertida!

Me voy de Colombia, amando Colombia. Queriendo volver a encontrarme con Uds. en el lugar del mundo que sea. Y les dejo mi impresión de lo que para mí, y sólo para mí, es Colombia.

 

  - Colombia es la gente amable con un saludo de buen día interminable:      ¿Cómo has estado? ¿Cómo te ha ido? ¿Qui hubo Qué más?. Me sigo preguntando si será que uno tiene que responder a    cada pregunta o con un simple “bien” es suficiente.

 - Colombia es el español mejor hablado de Latinoamérica y sino cómo se explica que haya palabras tan lindas de pronunciar  como la vaina, el  chicharrón, berraca, bacano.

 

  - Colombia es educación. Colombia es por favor y muchas gracias. A la orden. Con todo gusto. Sí señora, pero yo no soy señora porque no soy vieja (de edad, no como acá se le dice a cualquier mujer) ni tampoco estoy casada.

 

  - Colombia es la cultura del perdón y del sufrimiento. Qué pena contigo! Por qué tendrán pena conmigo? Les daré pena? Pena es grave. Pero ya me acostumbré que es una forma polite de decir las cosas.

 

  - Colombia es música, salsa, rumba por siempre y en cada lugar. No   importa la hora, ni el motivo, ni cuántas personas hay, ni si está oscuro o hay mucha luz, siempre se baila y se canta. Sin motivo aparente, siempre hay una buena razón para mover las caderas. O  bailás (=te adaptás e integrás) o estás fuera del sistema.

- Colombia es el país del taxi con radio Candela/Tropicana. Por eso yo  siento que vivo en pleno Caribe.

- Colombia es make up y production. Pelo perfecto. Uñas impecables. Maquillaje inamovible. Me pregunto si será que las mujeres colombianas duermen en algún momento o cómo hacen para llegar al  trabajo (cada día)  como si fueran arregladas a un casamiento.

 

  - Colombia es la gente. Buena gente. Gente maravillosa. Con una sonrisa  perpetua en la cara. Gente dispuesta a ayudarte. Se le tiene. Todo se le tiene o se le inventa.

- Colombia es el reino del “hágale”. Con voluntad y con mucha fe, todo se puede. Sólo hay que pedirlo con un por favor, una sonrisa y lo imposible será realizado. El riesgo: qué es esa palabra? Hágale mija.

 - Colombia es el país del diminutivo. Me pregunto si el decir aguardientico” hace menos nocivo el efecto quemador en garganta del producto alcohólico previamente mencionado. ¿Será que el diminutivo   es un mecanismo de defensa que habilita el consumo del “aguardientico” (que se traduce en miles y miles de vasitos chiquiticos que se toman, pero son chiquiticos, ojo!).

 

  - Colombia es el país de las harinas y los carbohidratos y Dios te ayude con los kilos. Papa, yuca, arroz cual cultura japonesa,  pandebono, palito de queso (vuelta al diminutivo).  - Colombia es el mundo del banano, banana, plátano, plátano maduro, plátano verde, platanito y todas las derivaciones imaginables para hablar, desde mi punto de vista, de una misma fruta.

 

-  Colombia es realismo mágico. Decían que era un género de literatura,  pero para mí es el país en sí mismo. Colombia es el país que me volvió a enseñar a decir por favor, gracias,    con gusto. Es el país que me enseñó a volver a valorar las cosas simples de cada día

 
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VIVA COLOMBIA CARAJO
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BY ENRIQUE CORDOBA

 

 

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

 

Si algo me sorprende cuando viajo al Amazonas es salir de Bogotá, la capital del país al pie de la cordillera andina, viajar por hora y media sobre la inmensidad de la selva y aterrizar en Leticia, Colombia, con 30 grados centígrados a orillas del Amazonas, el río más caudaloso del mundo.

Se llega a una esquina geográfica que forma una triple frontera con Brasil, Colombia y Perú.

Capax, el Tarzán colombiano, que atravesó a nado el río Amazonas, es uno de los personajes que suele dar la bienvenida a los visitantes.

Lejos del bullicio y el estrés, lo primero que uno siente es la naturaleza al alcance de la mano: río, bosques y paseos para admirar la fauna y la flora en estado virgen.

Después de vivir entre la selva, las comunidades indígenas y el río Amazonas, el promotor turístico Johnny Ochoa afirma que ``eso me cambió la vida''.

``Recibí valiosos regalos de la selva, aprendí a valorar el conocimiento ancestral y darme cuenta que lo importante del camino es el camino y que el hombre debe respetar la

naturaleza''.

Ochoa administró durante 15 años el parque de Amacayacú, en el pulmón tropical más grande del planeta, a orillas del río, compartiendo con tribus aborígenes.

Allí su mundo giró alrededor de Leticia (Colombia), Tabatinga (Brasil), Ramón Castilla (Perú), y caseríos.

Bogotá es uno de los puntos de partida hacia esa región que cada día recibe visitantes de Europa, Canadá, Estados Unidos y México.

Se puede viajar a través de dos aerolíneas, el boleto tiene un valor de 280.000 pesos colombianos ($140 ). Se aterriza en el aeropuerto de Leticia, la capital del departamento colombiano de Amazonas, una pequeña ciudad de 60,000 habitantes donde se puede encontrar alojamiento en hoteles con tarifas desde $30, -los modestos-, hasta $150 la noche, -los más lujosos-, como el Decamerón Tikuna.

El tiempo recomendable para una excursión al Amazonas es de cinco días, cuatro noches, sugiere Ochoa, gerente de la agencia de turismo ``Siempre Colombia'', (www.siemprecolombia.com).

Un dia de aventura se compone de paseo por la selva saliendo en bote del puerto de Leticia, hasta llegar a la reserva peruana de ``Milagros de Marachao'', con paradas para canotaje, pesca y caminatas. La gastronomía es rica en variedades de pescados como el pirarucú, la gambitana y caraguazo.

``Para los amantes del pescado el Amazonas es el paraíso'', dice Ochoa.

Otro día el programa ofrece experiencias por el río para conocer la Victoria Regia, que es un gigantesco loto, también llamada Victoria Amazónica. Se trata de un lirio o nenúfar de agua. Sus hojas tienen hasta un metro de diámetro, flota en el agua y puede sostener un peso de 40 kilos. El británico John Lindley la bautizó con ese nombre en honor a la reina Victoria de Inglaterra.

Una de las experiencias inolvidables consiste en pasar una noche en casa de los indígenas, durmiendo en hamaca y con toldillos, para protegerse de los insectos. ``No hay problemas de seguridad'', sostiene Ochoa.

En el parque Amacayacu, se ha desarrollado un modelo de ecoturismo. Viven cinco comunidades indígenas, como los tikunas y yaguas, y otras tribus en la aldea Macedonia dedicados a las artesanías.

Johnny Ochoa admira la cultura aborigen: ``en la mirada de los indígenas se ve la pureza de su palabra'', afirma, ``aunque vista jean y camiseta tienen mucho que enseñar''.

``Entiendes que hablan bajito, por el respeto a la naturaleza y porque según ellos, todos los seres vivos merecen respeto''.

Los extranjeros que visitan la zona se enamoran de la paz y la tranquilidad conque se vive en la selva. ``He visto a más de un extranjero llegar por tres días y quedarse tres años, sobre todo muchas mujeres'', declara Ochoa.

Desde Leticia se puede viajar por vía acuática a Iquitos, en Perú o Manaos, en Brasil. • 

 

enriquecordobaR@gmail.com